En la estación de bomberos de Livermore en Estados Unidos, se exhibe en directo a través de una webcam el bombillo activo más longevo del mundo: lleva encendido desde 1901. ¿Qué es lo que causa entonces que nuestros bombillos “modernos” se fundan a las 1000 horas de funcionamiento?

Todo empezó en 1920 en Berlín, Alemania, cuando los fabricantes de bombillos tuvieron la idea de diseñarlos para fallar deliberadamente, de forma que los consumidores se vieran obligados a reemplazarlos cada cierto tiempo.

Esta idea se extendió luego a todos los productos tecnológicos pues, como indicaba un artículo de la revista de publicidad Printer’s Ink en 1928: Un artículo que no se desgasta es una tragedia para los negocios.

El documental “Comprar, tirar, comprar. La historia secreta de la obsolescencia programada” muestra como los fabricantes establecen una fecha de caducidad en los bienes, para que dejen de funcionar ya finalizado el plazo de la garantía.
La obsolescencia programada es especialmente evidente en rubros como impresoras y cartuchos de tinta, cónsolas de videojuegos, equipos electrónicos e informáticos. En ocasiones, si intentas reparar el producto, el coste de la reparación resulta superior al precio de un artículo nuevo. Curiosamente, las medias y la ropa interior también están diseñados con ese criterio.


Actualmente, países como Francia y México impulsan leyes que plantean una “producción de ciclo cerrado”, que consiste en ampliar la duración de los aparatos, aumentar los periodos de garantía y contemplar procesos de reciclaje para los componentes que sean peligrosos para la salud humana o el medio ambiente.

Desde Fundación Tierra Viva, te invitamos a contribuir a contrarrestar los efectos que genera la basura electrónica. No olvides leer las etiquetas de los productos y sus garantías y apoya a las empresas dedicadas a la reparación o reciclaje.



ConsumidoresConscientes #Cultura3R #ObsolescenciaProgramada #SomosBiodiversidad #SomosTierraViva