December 9, 2016 Cuando en Fundación Tierra Viva diseñamos los proyectos Tejiendo Esperanzas y Mujer Indígena Emprendedora nos planteamos abordar tres objetivos: capacitar, mejorar la comercialización y promover la cultura indígena. La comercialización de la artesanía producida en las comunidades indígenas con las que estamos trabajando es clave porque incide directamente en los ingresos que van a las familias contribuyendo a la adquisición de alimentos, medicinas, útiles escolares, ropa e incluso una planta eléctrica, y un pequeño piano para animar las reuniones religiosas de una familia warao de la comunidad la Ensenada de Wakajara. Como estrategia de mercadeo y comercialización de los proyectos, además de la tienda en línea, ventas corporativas y ventas directas en nuestra oficina, están las ferias en distintas ciudades. Hemos estado en Mérida, Valencia, El Tigre, Maturín, Caracas y, en cuatro ocasiones, en Puerto La Cruz. Pero ¿son las ferias sólo espacios comercialización? La experiencia de siete años organizando ferias para las artesanas de comunidades indígenas nos dice que no; las ferias son oportunidades que impactan directamente en el desarrollo humano de las artesanas. Lo primero a destacar es que en el caso de las warao la selección de las artesanas que van a la feria se realiza por consenso. Son las artesanas quienes escogen a quien(es) la(s) representará(n) y entregarán sus artesanías para la venta. De modo deducimos que la confianza es un valor intrínseco en la selección. La que va a la feria debe haberse ganado la confianza del grupo y poseer las capacidades para llevar cuenta de la venta de cada quien. Las ferias son oportunidades para que las artesanas salgan de sus comunidades y conozcan nuevos lugares. Dicho de otra manera, son pequeñas vacaciones donde, aunque se trabaja muchísimo, las mujeres descansan de las faenas de la vida diaria, duras por demás para la mujer indígena, especialmente la warao, que tiene que trabajar en el conuco, cocinar a leña, lavar a mano, cuidar a los niños y a los ancianos. ¡Qué maravilloso es salir junto a otras mujeres, llegar a un hotel con una cama tendida, no cocinar por 5 o 6 días, dormir a las anchas, disfrutar de una regadera con agua caliente y en ocasiones como en Puerto La Cruz, darse un chapuzón en el mar! Para muchas warao que han estado en Puerto La Cruz ha sido la primera vez que veía el mar. Las ferias proporcionan lugar para la risa, para los chistes, para hablar de cosas de mujeres. Cuando vuelven a sus comunidades son muchas las cosas para contar y si, además, llevan dinero para sus familias y para otras artesanas es un gran logro. Son espacios para compartir saberes entre etnias. Cada vez que llegan las artesanas wayúu, saltan las artesanas warao y las yekwana para ver qué trajeron en la maleta, y son las primeras compradoras. Hemos visto cómo las warao les enseñan a las otras tejidos y viceversa. También nos enteramos de cómo se reúnen en las habitaciones (a veces en las habitaciones de las coordinadoras FTV) para hacer trueque, y para hablar de cosas tan serias como la organización comunitaria. Las ferias son también zonas para la interculturalidad, para el compartir entre criollos e indígenas datos sobre cultura y técnicas de tejido. En una de las ferias, Yolanda Sucre, una reconocida orfebre, le dio una clase rápida a Luz María, la artesana Yekwana, para que aprendiera a entorchar el hilo metálico, y Carmen Medrano, artesana warao, enseñó a una señora visitante cómo tejer la bora que esta última recogió en el Embalse La Mariposa de Caracas. En las ferias reciben el reconocimiento por el trabajo bien hecho que realizan. Hay tiempo para el alago y para las fotos de orgullo venezolano. Las ferias son también oportunidades para comprar cosas para la familia y para ver nuevas tendencias de moda. En estos siete años hemos sido testigos de cómo algunas han comprado celulares, carteras, zarcillos, zapatos y ropa en general, para ellas y sus hijos. A parte de todo lo dicho anteriormente está lo comercial propiamente dicho: a) entrenamiento directo en mercadeo y comercialización al confrontarse con el público que compra y pregunta para qué sirve, cómo se hace y cuánto cuesta; b) la búsqueda de nuevos clientes (de la feria BOD realizada en noviembre de 2016 surgió un nuevo cliente Distribuidora RDO, que promete un excelente pedido de peinetas para enero 2017); c) contactos para el desarrollo de nuevos productos (algunas diseñadoras hicieron contacto con las artesanas y con Fundación Tierra Viva para comenzar a crear conjuntamente productos nuevos); c) ingresos directos para las artesanas, que los días 18-19-20 y 25-26-27 de noviembre de 2016 durante las ferias de BOD-Caracas y Puerto La Cruz, sumaron Bs. 3.796.060. En el mes de noviembre de 2016 participamos en cinco ferias: dos atendidas directamente por personal de FTV (Bancaribe y Plaza Bolívar de Chacao), una en Mérida atendida por nuestro socio Phynatura, y dos donde asistieron un total de 19 artesanas, la del BOD-Caracas y Puerta La Cruz. Finalmente, las ferias son la expresión de un trabajo digno y reconocido para nuestras artesanas indígenas. Agradecemos a nuestros patrocinantes Chevron y Unión Europea que hacen posible la participación de las artesanas en estos espacios de crecimiento, y a nuestros aliados Bancaribe, Valentina Quintero, Artepunto y Centro Cultural BOD, quienes nos apoyaron con espacio y promoción. Soliria Menegatti Gerente de proyectos socio-ambientales En twitter e instagram @TierraVivaVzla